Después del concierto nos quedamos un día mas en Palm Springs y fuimos a los outlets a comprar algunas cosas y prepararnos para salir al día siguiente hacia Flagstaff, que sería nuestra base de operaciones para ir al Gran Cañón.
Sin la parada en Lake Havasu, que cambiamos por un dia extra de descanso en Palm Springs, el viaje tomaría unas 7 horas de carretera, sin incluir las paradas para almorzar y recargar energía.
La primera parada era Twentynine Palms, una reservación indígena, donde recargaríamos batería por primera vez. Como era de esperarse, el cargador estaba en un casino indígena en la mitad de la nada: Tortoise Rock Casino.
Después de Twentynine palms y por varios cientos de kilómetros solo se ven 3 cosas: Postes de Luz, arena y buzones al borde de la carretera.



En un momento, Nicolás dijo:
– “The end of the world”
– “Si”, respondí yo
– “No!, vea.. Hay un letrero!”
Efectivamente, en la mitad del desierto, había un letrero que decía “The End of the World”, así que echamos reversa, parqueamos y fuimos hasta allá a ver que era.
Después entendimos que estaba hecho por Jack Pierson, un artista conocido por recuperar y reutilizar letreros de hoteles, tiendas y otros lugares abandonados. El letrero está hecho en homenaje a Wonder Valley (esta zona), donde algunos artistas vienen a desconectarse del mundanal ruido.



Tomadas las fotos de rigor y en el calor mas absurdo, regresamos al carro y seguimos nuestro camino hacia el parque natural de Amboy, donde hay un cráter dormido de 7000 años.

Como era de esperarse, los únicos visitantes del cráter fuimos nosotros, pero fué el lugar perfecto para ir al baño, estirar las piernas y seguir hacia Roy’s café en Amboy.
Siempre nos preguntaremos quien carajos limpia los baños todos los dias(que al final del día son un hueco en la tierra con un inodoro encima), porque estaban inmaculados.


Aunque inicialmente habíamos pensado caminar hasta el cráter, el calor era insoportable y todo estaba lleno de letreros que decían “Beware of heat. Avoid Hiking”.
La paz que se siente aquí, es increíble.
Después de visitar el cráter, llegamos a Amboy, CA, donde tomaríamos la antigua ruta 66 por unos buenos cientos de kilometros.
Amboy es uno de muchos pueblos por donde pasaba la ruta 66 original. Inicialmente se construyó alrededor de una estación de tren en 1883 y en 1926 entró en boom, con la inauguración de la ruta 66. Ahi, junto a la pista, se construyeron la escuela, iglesia, y oficina de correos.
Roy’s café, nuestra parada, abrió en 1938, como la única gasolinera y motel en cientos de millas y aunque la población de Amboy nunca superó los 65 habitantes, era una parada obligada para todos los conductores.


El pueblo quedó en abandono con la inauguración de la inter-estatal 40 em 1973, que desvió todo el tráfico. Eventualmente se vendió a un japonés, que prometió conservarlo y re-abrir el café y motel.

Aunque la estación de gasolina está abierta durante el día, el restaurante y motel no se han podido reabrir por falta de agua potable.
El lugar parece salido de Asteroid City, la película de Wes Anderson




Tomadas las fotos de rigor, nos metimos a la ruta 66 con destino a Wagon Wheel restaurant, en Needles, California, otra parada obligada de la antigua ruta 66 en el límite con Arizona.



Mientras recargamos batería, nos comimos la sexta hamburguesa del viaje, que no estaba nada mal y salimos ahora si, a la parte olvidada por completo de la ruta 66 con destino a Oatman, Arizona.

En alguna parte habíamos leído que en esta zona de Arizona hy burros salvajes, pero nunca creímos que fuera muy cierto, hasta que vimos este letrero.

Adentrarse en el desierto en la ruta 66 vieja es un poco asustador. Aunque la carretera no está en mal estado, es un paisaje muy intrincado y está llena de curvas. Es la definición del término desolación.

A medida que nos adentrábamos más, los paisajes empezaban a ser cada vez mas increíbles y la carretera mas lenta y difícil. Es como un planeta diferente.


Eventualmente llegamos a Mojave County, cerca a nuestra siguiente parada: Oatman, donde confirmamos que el tema de los burros salvajes no era mentira.


Los burritos andan por todas partes; y los que están cerca al pueblo, se acercan al carro para que uno los rasque.


Oatman es otro de los pueblos históricos de la ruta 66. No hay nada para ver ahí, mas que burros de una calle principal con un restaurante, dos tiendas y algunos tourist traps.


Cerca del atardecer, seguimos nuestro camino hacia Kingman, donde cargaríamos corriente de nuevo.
Al atardecer, los paisajes del desierto y la 66 son cada vez más increíbles, así que paramos en el camino a tomar algunas fotos.





Y encontramos algunos rebaños de burros.



Ya de noche, decidimos regresar a la I-40 hacia Kingman para llegar mas rapido. Ahí recargamos batería y seguimos hacia Flagstaff donde alquilamos un AirBnB por dos noches.

Al final del día nos gastamos casi 9 horas hasta Flagstaff, pero por decisión unánime, es el mejor viaje por carretera de la vida hasta hoy.
