Otra vez nos paramos a las 5am para coger el tren. Esta vez no hicimos la campesinada de llegar 1 hora antes. En los trenes es una maravilla, porque con 10 minutos es suficiente. Teníamos boletos de primera clase, y menos mal, porque parecía que antes de nosotros hubieran transportado camellos. No se imagina uno a lo que olería la clase turista.
Como a las 9am paramos en Ceska Trebova, que es como un Chcontá de República Checa y el tren se varó, según pudimos traducir del checo, por la temperatura, así que estuvimos casi dos horas parqueados oyendo a los checos del vagón conversar banalidades.
Llegamos a Vienna casi a la 1pm destrozados de hambre y entramos a comer a un McDonalds de la estación central. Afortunadamente Daniel no pudo pedir en la máquina porque la única mesa libre olía a plátano con bocadillo masticado, así que salimos corriendo hacia la casa a dejar las maletas, pues nos entregaron el apartamento mas temprano de lo esperado.
Como en Alemania, en Austria tampoco hay controles para entrar y salir del metro. Si uno no compra tiquetes, no pasa nada, siempre y cuando no se los pidan, porque la multa es de entre 60 y 100 euros.
Después de dejar las maletas, salimos hasta Stephenplatz, donde está la catedral, para almorzar en un McDonalds cerca. Elena se peleó con la cajera porque no le dio la gana darnos mostaza normal. Era una cuestión seria de hambre.
Depués de comer, salimos a caminar por la zona y ahora si, a conocer la catedral. El techo es increíble y el exterior está en muchas mejores condiciones que las de Praga (aún cuando son de épocas cercanas). El interior es muy parecido a la de Praga, por el estilo gótico, pero en este caso, mejor mantenido.
Saliendo de la catedral caminamos por la calle Graben, hecha en 1220, ahora peatonal donde se puede ver la columna de la plaga (Pestsäule), que constuyó Leopoldo cuando se acabó la plaga de 1679. (Y que por cierto, era muy feo)
Queríamos ir al café Demel, super conocido y recomendado, de camino al palacio Hofburg, pero después de ver la elegancia por la vitrina y que no había turistas haciendo fila, nos dio miedo perder los ahorros, así que seguimos caminando.
Del palacio de Hofburg salimos caminando hacia el palacio de la Opera, pasando por la escuela de equitación española que también es muy famosa. Ya estaba cerrada, pero vimos los cabellos Lipizzano en las pesebreras.

Visto el palacio desde afuera y como no habíamos comido Apfelstrudl, paramos en Aida a tomarnos un café. Descubrimos que hay un Apfelstrudl “normal” y uno Austriaco. Según el mesero, que era un cabrón, la diferencia es que el austriaco tiene mas relleno. En definitiva y dentro de nuestra perspectiva, es el mejor de Austria. En Austria, los cafés típicos se llaman Konditorei.
Terminado el café y el postre, salimos a ver el edificio de la Sezession, diseñado por Joseph Maria Olbrich, como sede del movimiento donde estaban Klimt, Shciele, Kokoschka y otros artistas y escritores y salimos a buscar el Naschmarkt, un mercado “de toda la vida” en Vienna, donde compramos aceitunas, frutas deshidratadas y vimos montañas de queso y salchichas.

Tomamos de vuelta el metro hasta Stephenplatz y paramos a tomar un cóctel en la plaza para después salir a caminar por otras calles del centro. Ahí nos encontramos de casualidad en el Jüdishes Viértel (Barrio judío) y descubrimos que desde la terraza del museo Albertina, es un buen lugar para tomar la foto del palacio de la Ópera.
Para cerrar el día, comimos salchichas con pan francés en la calle y salimos para el apartamento.